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Su opinión Patrocinadores Normas Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca 7 usuarios en línea • Sáb. 15 de Dic. de 2018

La muela de $ 20, o pesos
Quéjese de la muela aquel al que le duela

Cuentos y relatos globales. 18.11.18 
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Jesús, que no es mi hermano, que así se llama, y a quien en este caso no me estoy refiriendo sino a otro de los tantos Jesús que hay en el pueblo y que puede ser ese que usted se esté imaginando, vio pasar a Vidal por la puerta de su casa esa fría mañana de octubre con su maletín negro de dentista entre manos y, en el acto el dolor de muela con que había despertado se le subió más. El sacamuelas, prestaba servicios a domicilio y por encargo.
Jesús, que no es mi hermano, que así se llama, y a quien en este caso no me estoy a refiriendo sino a otro de los tantos Jesús que hay en el pueblo y que puede ser ese que usted se está imaginando, había probado ya con desespero, horas antes, enjuagarse la boca con un trago de Ron Blanco, así también aplicó en la careada muela ceniza caliente de la hornilla y dos gotas de gas kerosene y el dolor no disminuyó. Su mejilla derecha, hinchada y rojiza, evidenciaba la existencia de un hombre infeliz padeciendo un suplicio sin fronteras y poco benevolente. Su rostro, demacrado, pálido, macilento y falto de sueño, decía a quienes le veían que su heroísmo guapísimo no encontraba límite para la incómoda y desagradable molestia ni efectiva venganza médico-casera alguna. En dos palabras, estaba jodido…
Jesús, que no es mi hermano, que así se llama, y a quien en este caso no me estoy refiriendo sino a otro de los tantos Jesús que hay en el pueblo y que puede ser ese que usted se está imaginando, conocedor de su conflicto tenía ahora todas las características de una pelea consigo mismo, de Juancho, su vecino, recibió la conseja de que se aplicara yodo sobre el molar inculpada y que se tapara los oídos con algodones empapados en alcohol; pero aquello tampoco surtió efecto…En tres palabras, Jesús seguía jodido…

Jesús, que no es mi hermano, que así se llama, y a quien en este caso no me estoy refiriendo sino a otro de los tantos Jesús que hay en el pueblo y que puede ser ese que usted se está imaginando, a trancos firmes vio que Vidal ya casi alcanzaba la otra esquina y, a gritos, quiso llamarlo pero sabiendo que este no extraía las muelas sino que las arrancaba en vivo y en directo y sin anestesia y con un feroz y candente gatillo de hierro que heredara del diablo, sudando frío de pie a cabeza, dijo no con la cabeza y estimó que se le aflojaba el culo sintiendo por él la peor pena. En cuatro palabras, Jesús continuaba jodido, jodido…

Quienes vieron a Jesús esa maña y que no es mi hermano, que así se llama, y a quien en este caso no me voy a referir sino a otro de los tantos Jesús que hay en el pueblo y que puede ser ese que usted se está imaginando, saben que Rosa María, su mujer, quien hablaba con voz frenada, fue la primera en decirle: “Que…que sa..saca…sácatela”. Y que su abuelo, Bondadoso Jiménez, sabio en este tipo de vainas, igual le dijo: “No tiene remedio y te dolerán las entrañas”… En tanto su hijo Jesusito, de unos 12 años, quien sabía de estos males, por lo que había mirado en otros, esto le formuló: “Apá, por veinte pesos te la saca Vidal”…y Laika, su perra criolla, que también hablaba pero en perro, mirándole con mirada de consejera canina pareció decirle: “Flor Inés, la bruja, te la conjura y exorciza para siempre”. En cinco palabras, Jesús estaba jodido, jodido, jodido…

Jesús, que no es mi hermano, que así se llama, y a quien en este caso no me estoy refiriendo sino a otro de los tantos Jesús que hay en el pueblo y que puede ser ese que usted se está imaginando, veía ahora que Vidal, a trancos más grandes, y más firmes, llegaba a la otra esquina en busca de pacientes…Y en las seis palabras finales que toca escribir en cada párrafo de este relato para joderle a usted la vida, hay que decir otra vez que Jesús estaba jodido, jodido, jodido, jodidísimo…

…Y Jesús, que no es mi hermano, que así se llama, y a quien en este caso no me estoy refiriendo sino a otro de los tantos Jesús que hay en el pueblo y que puede ser ese que usted se está imaginando, de pronto se dijo:

-Eche, haré lo que me dijo la perra. Flor Inés, me la conjura.
…Y Jesús, que no es mi hermano, que así se llama, y a quien en este caso no me estoy refiriendo sino a otro de los tantos Jesús que hay en el pueblo y que puede ser ese que usted se está imaginando, escupió por la ventana. El dolor lo mataba.

…Y Jesús, que no es mi hermano, que así se llama, y a quien en este caso no me estoy refiriendo sino a otro de los tantos Jesús que hay en el pueblo y que puede ser ese que usted se está imaginando, dos calles adelante, sin dejar de quejarse, llegó frente a la casa de Flor Inés.

-No está- le contesto su hija Julia- salió anoche en su escoba a un aquelarre en Piojó y no ha regresado aún. La escoba es nueva, la está probando, no la maneja bien y por eso a lo mejor se ha demorado.

Y ya no les molesto más con lo de Jesús, que no es mi hermano, que así se llama, y a quien en este caso no me estoy refiriendo sino a otro de los tantos Jesús que hay en el pueblo y que puede ser ese que usted se está imaginando, y digamos mejor que, cualquiera que en esta vida haya sufrido alguna vez un terrible dolor de muela, comprenderá que en perfecto español el afectado habla con la mirada…Y Jesús, con Laika, mandó la razón a Vidal quien hacía la curación de un diente a un hijo de Demetrio.

-Sírvase usted señor Vidal de ir ahora mismo donde mi amo Jesús que tiene una muela para usted- le dijo la perra teniendo cuidado en esperar la respuesta.

-Ya voy –contestó- el sacamuelas ligeramente retrasado metiendo unos linimentos en el maletín.
Laika paró la cola y corriendo regresó donde Jesús a quien dijo:
-Ya viene. Prepárate…Y trae el gatillo.

Eran las once de la mañana.

De muelas y de dolores de muela, Vidal sabía mucho; todo un experto. Manejaba el gatillo como el mejor. Era su gatillo, precisamente, un arma de recuerdos imperecederos: dos muelas a Napoleón, tres a Roquito, y la cordal a Toño Catana, entre otras…Era uno de los gatillos más capacitados en la región y del que podía hacerse una historia unida por lazos familiares sacando de boca en boca piezas dentales por más de treinta años…

Vidal siempre fue cortés, llegaba a la casa del dueño de la muela diciendo: “buenos días” cuando en verdad sabía que nada de bueno tenía este…pero lo decía de corazón y “buenos días” le contestaban a regañadientes sus pacientes entendiendo aquello como una ofensa de buena costumbre. Por demás, igual, era sensible a otros dolores, no así a los de muela por oficio y hábito, lo que la gente le agradecía entre escupitajos de abatimiento…

-Llegó Vidal- dijo Laika como un ángel anunciador.
-Proceda- repuso Jesús- había ido donde Flor Inés para que me la conjurara pero tiene una cita con el demonio en Piojó y por lo visto hoy no viene.

Vidal le abrió la boca, miró la muela y con un “no tiene conjuro que la salve”, gatillo en mano, de un jalón, en medio de un dolor desmemoriado que sufriera Jesús, sacó la muela enferma agregando a su historial otro punto de reputación dental.

La destartalada muela, bañada en sangre, fue puesta en la mano de Jesús. Laika esta vez no habló con los ojos pero sí ladró. Rosa María, que hablaba como frenado le dijo: “ Mi…mi…mírala”…Su hijo Jesusito silbó por joder una musiquita infantil parecida a la de los pollitos dicen y Vidal, hablando una lengua irónica y universal, le dijo:

-Guárdala de recuerdo, muelas como esta son escasas y cada vez valen más en el mercado del usado- y agregó: Esta mañana que pasé, si me hubieses llamado, te la hubiera sacado gratis. Nunca cobro el nombre de Dios para que me vaya bien. Ahora jódete, págame, son veinte pesos.
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