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-Molino de papel- LA OLLA, LA OLLA, SE ROMPIÓ LA OLLA | | Cuentos y relatos globales. 03.05.26 | | Escribe; Walter Pimienta J.- Y digamos que hace muchos años, en un pueblo de cuyo nombre si me acuerdo pero no lo quiero decir, se rompió una olla, sí, una olla, uno de los inventos que en otro pueblo, recién conocido el concepto de que la tierra era redonda, alguien, para beneficio de la humanidad, poniendo en ello todo su ingenio, hizo. Y digamos también que esta olla debió ser de barro sino no se hubiera roto...Se usaron estas, las de barro, por mucho tiempo, y la vaina fue que, hubiese sido cuando hubiese sido, la tal olla se rompió porque son las de barro, en muchos casos, las que más se rompen y por eso, y no por otro motivo, por ser de barro, esta se rompió... Creo que mejor explicado no puede estar... Bueno, de lo poco que se sabe es que la olla en referencia se rompió un sábado; lo que explica que las ollas se rompen cualquier día, ya de aluminio u hechas en cualquier otro metal, pues no tienen la capacidad las mismas, ni el poder, ni la facultad, ni la potencia, ni la ventaja, ni la virtualidad, ni la honradez, ni la integridad, ni la ética de no romperse, mucho menos si son de barro como esta que tenía que ser barro sino no se hubiese roto. ¿No creen? Digamos que debió ser la olla que se rompiera, una olla agrande, de aquellas que antes hacían y vendían los alfareros de Malambo y tenían fama de duraderas y de agregar a los sancochos un añejado buen sabor por tradición y raigambre si se les asistía con un buen encendido fogón de leña, ya montada ésta en tres bindes o en una hornilla de palos y adobes, como las de otrora, que eran el corazón encendido de las casas en los pueblos. | No joda, qué más digo...Que inobjetablemente, la olla que era de barro, porque les recuerdo que si no hubiese sido de barro no se rompe, se rompió en una Semana Santa, más concretamente un Sábado de Gloria...Es que siempre en Semana Santa pasan vainas malas porque el diablo anda suelto de madrina por el mundo y, a lo mejor fue él quien rompió la susodicha olla de esta historia...Con lo condenado que es...
La olla que todo indica se rompió un Sábado de Gloria, muy posiblemente se rompió algo después de la medianoche, ya que, antes, en los pueblos, a esa hora se “Cantaba Gloria, momento en que en las iglesias, con motivo de la Semana Santa, primero a oscuras, se enciende las velas, sonaban la chuva y las matracas; el monaguillo tocaba la esquelita y, las campanas de la torre anunciaban al mundos que Jesús había resucitado y se podía parrandear, bailar, beber y comer...Y a esa hora exacta, ni un minuto más ni un minuto menos, se rompió la olla esta que, sin duda debió ser de barro si no, no se rompe.
También, es lo más verídico, que en la olla de esta historia, y que se rompiera porque se ha dicho ya que era de barro, la noche de los hechos, en ella se estaba haciendo un “truculento” sancocho de mojarra (de al menos de tres manos de mojarras negras para que alcanzara a todos), con plátano maduro y con cuanta vaina revuelta lleva un sancocho, a la espera unos limones para exprimírselo a la hora de servirlo en totuma.
Digamos tambien que la olla, la misma de este caso, como que tenía la fama y la resonancia pública, el milagro, la magia y la honradez domestica de que en ella también se cocinaba un buen masato caliente y unas excelentes sopas de mondongo, mismas que desarticulaban cualquier hambre por lo que, ante semejante gran pérdida, los habitantes de aquel pueblo que sé cual es pero decir no quiero, todavía es hoy no acaban de consolarse por el fracaso al no haber concebido como posible que si alguno le hubiera sacado candela al fogón, la misma no se rompe, algo de lo que nadie los disuadió de hacer llorando ahora en la consternación y el repetido alboroto de...la olla, la olla; se rompió la olla, lamento sin respuesta alguna a un cómo ocurrió o a un por qué convincente.
Toca decir además, que con relación a olla que se rompiera ese Sábado de Gloria, al lugar de los acontecimientos se llevaron expertos en el manejo de estos “instrumentos” que, antes de dar una razón sabia, a lo acaecido, lo que dejaron en el pueblo de la olla que se rompiera porque a lo mejor era de barro, navegando entre incógnitas y paseándose de la sala al comedor, sustituyendo dimes y diretes por preguntas, sin poder dar crédito exacto al propio entendimiento, a la hora de la hora, puestos de acuerdo, lo que dejaron saber a todos los asistentes al sancocho de mojarra, sin convencimiento alguno, fueron estos poco técnicos interrogantes:
¿Se rompió la olla porque al bajarla del fuego, quien la bajo, al sentirla tan caliente, no obstante que podía llevara un par de trapos en cada mano para bloquear el calor, no resistió y en medio del vapor que esta botaba, la dejó caer?
¿Fue, en efecto, el candelazo que la olla se estaba llevando en su culo, perdida por esta su hábito a la resistencia febril, que se rompiera?
¿Se rompió la olla porque, en Semana Santa siempre pasan vainas malas ya que el diablo anda suelto de madrina?
¿Se rompió la olla porque estaba muy cargada en la augusta solemnidad de que le echaron mucha vitualla?
¿Por qué nadie vigiló la olla advirtiendo que se estaba rompiendo y así, a tiempo, algo se hubiesen salvado del sancocho de mojarra en la aplicación filosófica de que, algo es algo, peor es na?
¿Se rompió la olla porque, llena hasta el borde, impulsada por el dinamismo interior de lo que adentro le hervía, incorrectamente la taparon sin dejarle escapar el aliento infernal del “borbollante” sancocho y explotó?
¿No tuvo la olla control de calidad industrial ni garantía a satisfacción del cliente que la compró?
Y así, surgieron allí mismo un sartal de más conjeturas sobre el hecho y ninguna respuesta erudita y docta que explicara a todos por qué se rompió la olla en que se cocinaba un sancocho de mojarra que no fuera la socorrida: se rompió porque simplemente era de barro. Y pasó que solo uno de los parranderos allí presente, un señor llamado Pedro y de apellido Laza, partiéndole el espinazo a los lamentos, existencial por naturaleza, músico él, en medio del olor del sancocho de mojarra quizá esparcido por el suelo, de golpe y carga emocional, habiendo llevado su saxo a la fiesta, en ritmo alegre, soplando un fandango, expresó al mundo su testimonio de lo ocurrido y, como si fuera un texto sagrado lo que su pito tocaba, poniendo a bailar a todos, esto cantó y toco: “ La olla, la olla/ se rompió la olla.../”. Tema referente https://youtu.be/AFbGzARgOCU?list=RDAFbGzARgOCU
Walter Pimienta J. |
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