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La sociedad suicida
Eduardo Saez Maldonado. 30.10.26 
Más allá de las responsabilidades directas, a nivel técnico, que han concurrido en el espantoso accidente del AVE de Andalucía, y más allá de las responsabilidades políticas a nivel de gestión de la empresa ADIF (aspectos estos sobre lo que ahora se investiga pero sobre los que todo el mundo opina) yo quisiera hacer una reflexión mucho más global, mucho más sistémica; y que ya, por cierto (y afortunadamente), se empieza a oír por aquí y por allá (como es el caso de Jorge Millás, cuyo vídeo enlazo al final de esta reflexión).
La base de esta reflexión se adivina en el gráfico adjunto, que muestra la evolución de los pasajeros del AVE desde la inauguración de la línea Madrid Sevilla en el 92. Se aprecia perfectamente que (asumiendo el "empujón" de 2008 con la puesta en marcha de la línea a Barcelona) ha habido un crecimiento sostenido pero moderado durante 25 años hasta que, tras la caída del COVID del 2020, y como consecuencia de la liberalización del mercado ferroviario y el desembarco de empresas privadas, se desboca el número de viajeros.

Todos estábamos encantados, claro, porque disponemos de muchas más frecuencias y mucho más baratas, y podíamos ir a Madrid por la mañana y volver por la tarde varias veces por semana, pero ¿hasta dónde podemos sostener ese crecimiento desbocado? Las vías son las mismas y duplicar en pocos años su uso incrementa en un factor muy superior a 2 el coste de mantenimiento necesario para su buen funcionamiento (algo que me temo que no ha ocurrido) además de que el hecho de "forzar" el sistema apurando frecuencias incrementa, simplemente, la probabilidad de incidentes triviales (la legendaria puntualidad del AVE se perdió desde entonces) y también, lógicamente, se incrementa (demasiado) la probabilidad de que se produzcan accidentes graves como los dos de este año con 115 muertos. Si se cambia el "servicio público" por el "beneficio económico" como criterio principal a seguir, pues pasa lo que está pasando en la Educación, en la Sanidad y también en el Transporte.

Y si el PSOE se oponía inicialmente, mientras estaba en la oposición, a las directivas que venían desde la Unión Europea tendentes a la liberalización del mercado ferroviario, cuando llegó al poder las aplicó sin recato alguno. Porque no debemos olvidar, que aunque el PSOE es un partido progresista en lo social (al César lo que es del César), en lo económico (y no olvidemos que "es la economía, estúpido") es un partido que no se distingue demasiado del resto de partidos neoliberales. "Viva la libertad, carajo". La tímida gestión con la vivienda, absolutamente contraria al necesario intervencionismo del mercado, es un ejemplo de que el PSOE se ubica ideológicamente en el centro político. Y gracias.

Pero claro, si miramos un poco más a la derecha (dicen que este espantoso accidente puede dar la puntilla a Pedro Sánchez en las elecciones del mes que viene), entonces se nos termina de caer el alma a los pies. Porque la derecha (tanto la neoliberal como la fascista, ahora tan acarameladas), más allá de que tienen como único fundamento "ideológico" el mantenimiento de los privilegios de los privilegiados (es la definición de derecha política), no disimulan un pelo cuando hablan de seguir con la inexorable privatización total del estado bajando de paso los impuestos (sobre todo a las élites económicas), supongo que para que haya aún menos dinero para el mantenimiento de las vías férreas y los sistemas de seguridad del AVE. Pero la gente los vota, oye.

Porque si el criterio que rige nuestros destinos en un sistema capitalista neoliberal hegemónico como el que "disfrutamos" es el de maximizar el beneficio económico de las empresas muy por encima de cualquier otra consideración, puede ocurrir lo que parece que está ocurriendo en la sanidad, educación, vivienda y transporte, en este último caso con espantosas consecuencias: "es el mercado, amigo".

Y yo tengo la sensación, cada vez más nítida, y desde hace ya mucho tiempo, de que todos vamos desbocados en nuestros trabajos, en nuestras vidas, sin dar abasto, estresados permanentemente en una desenfrenada carrera hacia nadie sabe muy bien dónde, dejándonos por el camino irreversiblemente la salud (física y mental), pero también la disponibilidad global de recursos minerales, biológicos, la biodiversidad ecológica, la estabilidad climática... con las consecuencias nefastas a la que esta actitud suicida (léase capitalismo neoliberal) nos aboca irremediablemente.

A lo mejor tenemos que dejar de correr como locos y pararnos un momento a pensar qué queremos hacer con nuestras vidas, con nuestra salud, con nuestro futuro. Y con el futuro del único planeta que tenemos.

Pero claro, no tenemos tiempo...

Descansen en paz los muertos del AVE. 

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Eduardo Sáez Maldonado.


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